Después de Lagos

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“El apego al padre es gemelo de la falta de iniciativa y de sentido del riesgo en nuestra vieja clase dominante”. Fernando Balcells.Me gustaría que Lagos tome aire, contemple el enredo del sistema político y se dedique a abrir caminos para limpiar los escombros de las instituciones que él intentó dignificar. Esas instituciones —cada uno haga la lista que quiera— actúan hoy como autitos chocadores en parque de feria, sin un espíritu común. Después de haber sido torcidas por la dictadura y estrujadas hasta la última gota de su parcialidad. Después de que la Concertación las dotó de alitas flotadoras e intentó corregir sus rumbos sutilmente y de cuando en cuando. Después de decenios de cuoteos y de sumas institucionales no acumulables, es necesario volcarse a fórmulas más modernas y democráticas de institucionalidad y de ciudadanía.
Retirado Lagos a muchos les ha venido un horror al vacío. El estadista se va y los que quedan son aficionados sin sentido del Estado. Lo que los viudos no entienden es que es el colapso del viejo Estado carretero el que provoca el sinsentido del estadista. ¿Qué sentido de Estado se puede tener cuando éste fracasa en tantas áreas y es impotente en tantas otras? Gobernar no puede reducirse a construir obras públicas y cobrar peaje. El Estado concesionado hace agua en Atacama y en La Araucanía.
¿Qué espíritu de Estado puede animar a instituciones que se han multiplicado para controlarse la una a la otra y que hoy funcionan como un ‘corre que te pillo’? La Suprema vigilada desde el TC, el Ejecutivo por la Dipres y la Contraloría disparando de chincol a jote, mientras la soberanía real se reparte en superintendencias y otros organismos capturados por intereses sectoriales.
Esas autonomías, establecidas además por las razones equivocadas, contribuyen de manera insostenible al desorden actual. Sólo en los asuntos de libre competencia y de protección a los consumidores, la dualidad entre FNE y Sernac se multiplica por la intervención celosa del Ministerio Público y la defensa sectorial de cada superintendencia. En casos como el del agua, decenas de organismos intervienen para reproducir la sequía. Nuestra sociedad ha evolucionado y sus instituciones se han estancado. Para cerrar esa brecha, debemos entender de una vez que la promesa liberal de empoderar a las personas es anterior —y más productiva— que producir mano de obra barata.
El horror al vacío es el miedo al abandono del padre que nos lleve de la mano y que nos evite golpes demasiado bruscos en la vida. El apego al padre es gemelo de la falta de iniciativa y de sentido del riesgo en nuestra vieja clase dominante.
Lagos, como estadista de transición, fue un símbolo del secuestro de la iniciativa y del poder político por parte del Gobierno y de los representantes electos y designados. Por ese papel, justamente él podría hacer un gran aporte en la construcción de una lógica institucional más cercana a los ciudadanos y más vinculada a las promesas de su Constitución.


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