El despegue de Uber en Chile

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Precedida de fuerte polémicas que ha desatado en varios países, el sistema de transporte de pasajeros funciona en Chile desde hace dos años. Calificado por taxistas locales como «ilegal», la aplicación creada en Silicon Valley en 2009 crece en Santiago: en el último año los usuarios se incrementaron en 350 por ciento, mientras que los chóferes ganan sobre el millón de pesos al mes.

El auto de María Isabel Sepúlveda no tiene fundas en los asientos ni olor a desodorante ambiental. Tampoco hay un taxímetro ni dinero a la vista. Ella conoce bien las reglas: no puede usar perfume fuerte ni jeans, siempre debe saludar atenta, abrir la puerta y ofrecer agua y dulces para sus pasajeros.

A los conductores de Uber, como ella, les recomienda que estén bien vestidos y los hombres de terno. Si llueve, María Isabel sale con paraguas para recibir al pasajero. Le habla durante el trayecto, pero se tiene que dar cuenta si alguno no quiere conversar.

Su auto, un Chevrolet Orlando blanco, no puede estar brillante de silicona, porque, si no, ella siente que parece taxi. «Y nosotros somos un traslado privado de pasajeros», repetirá como un mantra. María sabe que su actitud, digna de un manual, tendrá una recompensa. La tarifa de Uber, la aplicación de transporte de pasajeros que funciona en 61 países y 340 ciudades, y que realiza un millón de viajes diarios en el mundo. Creada en 2009, en Silicon Valley, Uber está valorada en más de 50 billones de dólares. Y Travis Kalanick, su CEO de 39 años, ocupa el puesto 80 de la lista Forbes de los norteamericanos más ricos. En 2014, Apple la escogió como una de las mejores aplicaciones, mientras la compañía lograba que en Nueva York circularan más Uber que taxis amarillos.

La premisa de esta app de celular es simple: aprieta un botón y un auto aparecerá en la puerta. Solo se necesita conexión a internet y una tarjeta de crédito. El usuario especifica dónde está y adónde quiere ir. Entonces, Uber muestra cuánto demorará el viaje y un rango de precio. Luego, en la pantalla sale la foto del conductor y la evaluación hecha por otros pasajeros de él (de 1 a 5 estrellas). Si uno quiere, pude rechazar y buscar otro. Cuando hay mucho tráfico o demanda, Uber aumenta proporcionalmente el precio.

A pesar de su éxito, la empresa lucha constantemente contra gobiernos y asociaciones de taxistas que la acusan de haber creado un sistema ilegal, caro, inseguro y desfavorece a los taxis locales.

En París se suspendió el servicio UberPOP (el símil en Chile a UberX, la versión más económica y menos lujosa), porque los conductores no tenían licencia de taxi profesional. Los taxistas protestaron manejando muy lento para detener el tráfico, persiguieron a los conductores de Uber e incluso el portavoz del Ministerio del Interior francés dijo que el sistema era un 2peligro real para los consumidores» El servicio suspendido en Alemania, España, Toronto, Portland, Nevada y Bruselas. En algunos casos, como en Río de Janeriro, después de un juicio legal, volvió a reactivarse. Y en Ciudad de México, tras mesas de diálogos entre el gobierno, asociaciones y ciudadanos, se reguló el modelo de transporte, especialmente para la aplicación.

En Latinoamérica, Uber funciona en Colombia, Brasil, Perú, y desde hace dos años en Chile.

Dibujo 1Antes de Uber, María Isabel Sepúlveda vivía con sus papás en Lo Prado y trabajaba como contadora en una productora de videos corporativos, de lunes a sábado, más horas extras. «Nunca decía que no, hasta que me detectaron cáncer al útero y pensé que algo tenía que ver con el estrés, con la tensión de siempre hacer las cosas por el resto». María Isabel buscó otro trabajo, hasta que una amiga le habló de Uber, donde ella podía manejar su propio auto, a la hora que quisiera, por las calles que escogiera y los días que tuviera ganas. Sin jefes ni metas que cumplir. Escogiendo a sus pasajeros mediante la evaluación que otros conductores hacen de ellos.

El pago era semanal y del total, la empresa se quedaba con el 20 por ciento. Empezó en enero pasado y cuando entró no había tantas exigencias como hoy: no pasó por un test psicológico ni psicotécnico -como sí lo hacen los conductores actualmente-, pero verificaron sus antecedentes, su historial de multas, sus seguros y documentos al día y que su auto tuviera cinco puertas, tres corridas de asientos, aire acondicionado y vidrios eléctricos.

María Isabel Sepúlveda ya perdió la cuenta de los más de quinientos viajes que ha hecho en un año. «Trabajando un par de meses me compré otro auto», dice orgullosa.

A pesar de los beneficios, hay algo en este trabajo a lo que todavía no se acostumbra: los comentarios de los pasajeros sorprendidos porque la que maneja es una mujer. Cada vez que eso pasa, ella solo sonría.

Cuando en diciembre de 2014 comenzó en Uber, en Chile solo trabajaban tres mujeres. Ahora son el 10 por ciento, y la app se asoció con la ONU para crear un millón de empleos para mujeres de aquí al 2020.

En  Chile, el conflicto con Uber no ha pasado más allá de las críticas hechas por dirigentes del transporte público, Héctor Sandoval, presidente de la Confederación Nacional de Colectiveros, dice que es un servicio ilegal «porque se hace con vehículos particulares que no tienen la licencia ni están habilitados. Esto debería ser más controlado por el Minsiterio de Transportes».

El subsecretario de la cartera, Cristián Bowen, señala que «los vehículos de Uber no están inscritos en nuestros registros, no cuentan con seguros asociados, las tarifas no están definidas por la autoridad y muchas veces los conductores no cuentan con licencia clase A. Usar este tipo de servicios constituye un  riesgo para las personas».

Uber tiene un equipo de políticas públicas que se dedica exclusivamente a hablar con las autoridades chilenas. «El primer argumento que van a usar es que esto es ilegal, pero la ausencia de una regulación adaptada no implica ilegalidad», afirma Soledad Lago, argentina y gerente de comunicaciones Uber Cono Sur. «Nosotros no somos anti regulación. Lo que no queremos es que nos categoricen como una empresa de transporte o una empresa de radiotaxis, porque no somos eso».

Lago afirma que los usuarios en Chile se incrementaron en 350 por ciento en el último año, y la cantidad de conductores aumentó en 600 por ciento. En 2015, los autos de Uber han recorrido más de tres millones de kilómetros en Santiago, el equivalente a ir 600 veces de Arica a Punta Arenas.

Cuando en diciembre de 2013, Uber llegó a Chile, los encargados de atraer a nuevos conductores tenían que pasar el día afuera de hoteles, convenciendo a los chóferes de radiotaxis tradicionales que Uber -una aplicación de la que nunca habían escuchado- era la mejor opción. «Se hizo un trabajo de educación muy grande para que la gente entendiera», dice Soledad Lago. «Preguntaban, ¿cuántas horas tengo que trabajar? ¿Y cuántos días de la semana? Acá todo era libre».

Entonces, en Santiago solo existía la opción Uber X: autos de lujo, mínimo de 2011. Domingo Acuña, 58 años, mueblista, escuchó en su iglesia evangélica en La Florida la existencia de Uber. Su negocio no iba tan bien y sus amigos le dijeron que ese podía ser un buen complemento. Antes, Acuña solo había manejado camiones y ambulancias.

«Vendí mi auto y un torno para pagar el pie de una Chevrolet Captiva», dice Acuña. «Yo ni siquiera conocía el nombre de las calles del sector oriente de Santiago porque a los 9 años me escapé de la casa y me fui a vivir debajo del Mapocho. Pedía plata, lustraba zapatos por Vicuña Mackenna», recuerda.

Antes de entrar a Uber, Acuña tuvo que someterse al test psicométrico, con el cual midieron seis factores: veracidad, violencia, drogas, respeto a las normas, acoso sexual y robo. «Cuando vivía bajo el puente robé comida en panaderías y supermercados. Pero estoy consciente de lo malo que esw hacerlo», dice. Acuña pasó el test y en la actualidad gana, 1.200.000 pesos mensuales trabajando 12 horas diarias. «En un buen mes, he ganado hasta 1.700.000 pesos. Eso nunca me hubiera pasado en otro trabajo».

Si Lukas Klecan está un miércoles a las once de la mañana en su departamento en Las Condes, con buzo y chalas, es porque se siente un poco resfriado. Y, además, porque como chofer de Uber no tiene un mínimo de horas que cumplir. Si no se conectara por tres meses, recién entonces la aplicación daría de baja su perfil, pero aún así podría reactivarlo desde su celular.

Algunos conductores trabajan tiempo completo con Uber y lo convierten en su principal fuente de ingresos. Otros, como Lukas Klecan, manejan para juntar lo necesario para irse de vacaciones o comprar un computador. Su plan es volver a Praga, República Checa, donde trabajaba como asesor financiero en un banco, aunque su título dice que es profesor de educación física.

«Antes de llegar a Chile, en abril de 2014, no sabía nada de este país. Solo vi el rescate de los mineros por la televisión», dice, hablando con algo de dificultad español, idioma que aprendió a la fuerza después de conocer a Stephanie, una doctora que hoy es su polola. «En Chile no encontré trabajo en ningún lado, pero en Uber me aceptaron sin problemas», dice. Calcula que gana unos 800.000 pesos mensuales.

En sus primeros viajes, se perdía en las calles de Santiago. Pedía disculpas y los clientes -la mayoría extranjeros-, no se enojaban. Si un conductor se equivoca de ruta, manda un mensaje al a central de Uber y no se le cobran los kilómetros perdidos ni al usuario ni al conductor. «Me gusta este trabajo, pero me llama la atención lo clasistas que pueden ser los chilenos. Algunos se sorprenden que una doctora esté con un conductor de taxis, pero en la República Checa eso no sería raro», dice Klecan, quien mañana se quedará acostado y pasado mañana verá si tiene ganas de trabajar.

Dibujo 2

No hay una edad máxima para ser conductor de Uber. Mientras tenga licencia de conducir, pueden trabajar.

Después de usar un auto de Uber, se puede calificar al conductor con cinco estrellas como máximo. Si algún conductor tiene un promedio de menos de 4,7 estrellas, lo invitan a una capacitación. Si baja del 3,5 lo desvinculan de la empresa. Algo similar pasa con los pasajeros.

«Los peores son los que usan Uber los fines de semana, de noche, porque la mayoría está curado y califican con menos estrellas. La única vez que tuve problemas con pasajeros fue con tres niñitos, el mayor no pasaba los 17 años. Estaban curados y me vomitaron el auto. Los tuve que bajar, mientras me suplicaban que no les pusiera solo una estrella, porque su papá se iba a enterar», recuerdo María Isabel Sepúlveda. Cada vez es más común que los padres les den la clave de sus cuentas de Uber a sus hijos, para que lleguen seguros y de paso, saber dónde están y adónde van.

«Hay gente que me ha dicho que apague el aire acondicionado y la radio. En pleno verano. Adentro parece sauna, pero no me importa», dice María Isabel, con una carcajada. «Pero no me imagino otra pega en la que podría ser así de feliz», dice antes de subirse a su auto que brilla con el sol.


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