WENCESLAO: LA VIDA DESPUÉS DE PATAGON Y MUCHOS, MUCHOS MILLONES DE DÓLARES MÁS

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Después de estar casi tres años recorriendo el mundo a bordo de su velero Simpática, Wenceslao Casares –el mito más grande de la era punto com– prepara su aterrizaje en Chile. ¿Por qué aquí? Porque siente que este es el mejor lugar del planeta para trabajar, hacer negocios y criar a los hijos. Por eso se compró el Palacio de Las Majadas, en Pirque, donde pretende instalarse una vez que termine de remodelarlo. Ojo con el personaje.

Bastan unos cuantos minutos con Wenceslao Casares (32) para comprender por qué los círculos más selectos del mundo alternativo todavía lo llaman el chico maravilla del siglo XXI. Hay algo en su forma de hablar, en sus gestos y sobre todo en su discurso, extremadamente persuasivo. Como que dan ganas de abandonar los credos propios y abrazar su religión… Sin exagerar, el Casares de hoy tiene algo de profeta y mucho –mucho – de semidiós. Es un tipo envolvente, carismático, excéntrico, repulsivamente brillante y muy, pero muy seguro de sí mismo. Lo pillamos en Chile de pura casualidad. Vino de vacaciones por unas cuantas semanas, en las que aprovechó de darse una vuelta por la costa, contratar a los arquitectos y constructores que le van a remodelar la que será su residencia definitiva, el palacio Las Majadas de Pirque, y ponerse al día con sus negocios. Estaba visiblemente más relajado que la última vez que hizo una aparición pública en Chile. Menos acelerado, mucho más maduro y ostensiblemente más cuidado en sus respuestas. Se nota que la experiencia lo ha marcado, que ha tenido tiempo de reflexionar y que hace mucho rato que dejó de ser el campeón que dictaba cátedra acerca de cómo alcanzar el éxito. Después de tres años recorriendo el mundo arriba de un velero, el chico definitivamente se convirtió en hombre. La travesía, en todo caso, todavía no termina. Con un poco de pudor, cuenta que aún le queda el tramo Puerto Rico-Miami, cosa que pretende saldar a mediados de marzo. -La idea original eran dos años, pero nos entusiasmamos tanto que todavía no le ponemos fin –cuenta–. Yo seguiría viajando, pero ya decidimos que en Miami vamos a vender la Simpática (así se llama el velero) y dar por terminada la travesía. Concluída esa etapa, su próxima aventura es venirse a vivir a Chile. Curiosa decisión para alguien que acaba de conocer el mundo entero… La idea, dice, es manejar desde acá todas las inversiones que tiene a través de Meck, una sociedad de capital privado que formó hace un par de años con Meyer Malka, Guillermo Kirchner y Michael Esrubilsky –los mismos que lo acompañaron en la creación de Patagon.com–, a través de la cual mantienen inversiones en América del Sur y Estados Unidos. -Aquí, en esta oficinita que tú ves, manejamos todos nuestros negocios internacionales –señala con complicidad–. Chile siempre ha sido nuestra base de operaciones y es curioso, porque ninguno de los cuatro socios es chileno. Nos encanta este país. En Chile tengo grandes amigos. Acá todo funciona, los compromisos se cumplen, la gente es honesta… Me gusta el clima, el paisaje, el agua. Me gusta la clase política y me fascina la clase empresarial. Pero más allá de todo eso, la razón principal por la que quiero radicarme en Chile es porque me parece un país extraordinario para criar niños. Quien lo hubiera imaginado. El chico símbolo de la histeria dot com viene para quedarse. El ave fénix
Fue hace exactamente siete años que medio mundo se enteró de Wenceslao Casares. ¡Cómo olvidarlo! Un mes antes que la burbuja reventara y que el desplome de las acciones tecnológicas dejara a miles de ciber-empresarios por los suelos, este argentino de apenas 26 años le vendió el 75% de su empresa Patagon. com al Banco Santander Central Hispano (SCH), en 528 millones de dólares. Sí: 528 millones de dólares. La jugada fue maestra. De un día para otro se convirtió en el máximo ídolo del segmento juvenil. Invitado estrella de cuando seminario se dictaba en el mundo, mencionado en todas las cátedras de escuelas de negocios y comparado con los más grandes empresarios de la historia. Pero el apogeo duró poco. Tras la debacle de abril del 2000, el valor de Patagon.com se fue a pique y luego de dos años de fallidos intentos por reflotar el sitio de finanzas personales que permitía comprar y vender acciones –además de pagar cuentas y contratar seguros– el SCH decidió revenderle a su creador los activos de Patagon en América latina, en 9,8 millones de dólares, y pagarle 11,4 millones de dólares para comprarle la participación que tenía Casares en la matriz del grupo Patagon en España que, por esos días, incluía activos bancarios en España y Alemania. Casares prefirió tomar el riesgo de quedarse con el negocio de Patagon América. El episodio, cuentan los medios extranjeros de la época, fue sangriento. Volaron cabezas, hubo demandas, juicios por fraude y precautorias judiciales por lado y lado.. Casares lo pasó mal. Y se lo dijo abiertamente a un diario bonaerense: “La verdad es que fuimos muy soberbios, no escuchamos consejos de gente experimentada y hoy pagamos la consecuencia de ello. Prometimos tener tres bancos funcionando en Argentina, México y Brasil, algo que obviamente no supimos concretar. Eramos un grupo de pibes sin experiencia en este negocio y nos quisimos llevar el mundo por delante”. Muchos pensaron que se retiraría. Después de todo, tenía patrimonio su- ficiente como para exiliarse en una isla desierta y olvidarse del ingrato mundo de los negocios. Pero no. Wenceslao decidió seguir adelante y sacar dividendos de la experiencia. Su primera movida fue transformar algunos negocios de Patagon América, como por ejemplo, la corredora de bolsa Lemon Financial, la misma que tiempo después le vendió a Euroamérica en más de 2 millones de dólares. Paralelamente, convencido de que lo suyo iba por el lado de la tecnología asociada al negocio financiero, creó Lemon Bank, un banco para el segmento de menores recursos de Brasil. -La marcha blanca de Lemon Bank coincidió con la creación de Meck, esta sociedad de inversiones de la que te hablé hace un rato –cuenta Wenceslao–. Se nos presentaban tantas buenas oportunidades de negocios que junto a mis socios concluimos que lo mejor era tener un solo vehículo de inversión. Hoy día los cuatro hacemos todo a través de Meck y ha resultado una forma mucho más profesional, rigurosa y sistemática de operar. Hoy Meck tiene intereses en 14 empresas, básicamente en los rubros de energía, finanzas y tecnología, sumando activos que según cálculos superan los 100 millones de dólares. A la cabeza del holding está Diego Valenzuela, un abogado de la Universidad Católica que tiene a cargo la vicepresidencia legal de Meck y es el responsable de manejar las transacciones del grupo y representarlos en varios de los directorios de las empresas en que participan. -A mis tres socios y a Diego los conozco hace muchos años –señala–. Todos participamos en el desarrollo del proyecto Patagon, de manera que trabajamos juntos hace bastante tiempo. Con ellos comparto muchas cosas e intereses, tenemos la misma edad y eso nos permite pensar y proyectarnos a 30 ó 40 años, lo que es un lujo. Creemos además que se puede hacer de América latina un lugar mejor y que es perfectamente posible desarrollar negocios rentables y que al mismo tiempo tengan externalidades sociales positivas, que se enfoquen a una sociedad mejor, más justa. Casares cuenta que en general prefieren tener el control accionario de los negocios. Sin embargo, no descartan modelos de participación minoritarios, siempre y cuando eso les permita tener derechos razonables. -Nos inclinamos por negocios que distribuyen la mayor parte de los resultados en forma de dividendos, para de esta forma maximizar el rendimiento del capital y poder tomar nuestras propias decisiones de cómo reinvertirlo –señala–. Invertimos en empresas que posean gestores con amplia experiencia, comprometidos económicamente con sus negocios y con valores alineados a los nuestros. Nuestra política dista de tener socios con free-rides. El esfuerzo está estructurado en base a compartir con ellos el riesgo, el fracaso o el éxito financiero.La economía del talento
Actualmente, el negocio operativo más importante de Meck es Lemon Bank, de Brasil, proyecto en el que ha invertido hasta la fecha más de 30 millones de dólares. Se trata de un modelo de negocios que presta servicios bancarios y pago de cuentas a los segmentos no bancarizados de la población brasilera –que alcanza casi un 80%– en puntos de atención instalados en farmacias, panaderías y almacenes, entre otros. -El proyecto Lemon Bank nos tiene muy orgullosos –dice Casares–. No solo por estar dando muy buenos resultados y tener un crecimiento explosivo, sino además porque nos ha permitido mejorarle la vida a mucha gente. Es impresionante ir a las favelas en Brasil y ver a gente pobre contenta con el servicio. El creador de esto, Michael Esrubilsky, es de los tipos más brillantes que conozco. No solo se le ocurrió la idea, sino que además la hizo funcionar. Creó toda la plataforma tecnológica para que farmacias, panaderías, estaciones de servicios y otros puntos de venta pudieran operar como banco. Hoy tenemos 5 mil puntos de atención y 9 millones de clientes.
-Entiendo que la gente del Banco Estado los contactó para replicar el proyecto en Chile.
-Sí, estuvimos varias veces con ellos. A mí me impresiona que siendo un banco estatal, operen como banco privado. Por eso son los terceros del mercado. Así debieran ser todos los emprendimientos, incluso los sin fines de lucro.
-¿Pretenden replicar lo de Lemon Bank en otros países de América latina? -No por ahora. Hacerlo en Brasil no fue nada fácil. Tuvimos la ventaja de que la escala de ese país nos perdonó muchas cosas.
-¿Qué planes tienes para Chile? Te lo pregunto porque curiosamente acá no tienes nada.
-Actualmente no. Hasta hace muy poco teníamos la empresa de desarrollo de video juegos Wanako Games, pero en diciembre de 2006 se la vendimos a Vivendi Games, el grupo francés de Telecom Vivendi… ¿Te puedo decir algo?
-Claro.
-A mí la venta de Wanako me pareció una linda noticia para Chile. ¿Qué te parece que la empresa más grande del mundo en juegos electrónicos haya valorizado el talento chileno en 10 millones de dólares? Porque eso fue lo que compraron: talento. Yo tengo mucho respeto por la forma en cómo se ha manejado la economía en Chile. Ustedes han hecho cosas extraordinarias con el salmón, el kiwi, la palta, los berries, el vino… Sin embargo, para que Chile sea más parecido a Nueva Zelanda, en términos de progreso y en cómo le llega la prosperidad a todo el mundo, creo necesario que comiencen a basarse en negocios menos intensivos en capital y más potentes en talento. Cosas como Wanako te muestran que también se pueden hacer grandes negocios por el lado del intangible. Esa empresa funciona con un montón de geniecitos chilenos que hacen juegos que se venden en Asia, Europa y Estados Unidos. La formamos con 500 mil dólares y mira en lo que la vendimos.
-Todo lo que tú haces se valoriza en cantidades astronómicas.
-¡La bendita suerte! (risas) Yo no quería venderla. Pero les pregunté a los chicos y ellos estaban entusiasmados con la idea de pertenecer a un grupo internacional. Sin embargo, con mis socios seguimos creyendo que Chile es la mejor plataforma de negocios del mundo. Acá está el mejor talento para hacer software, hardware, research, etcétera, que luego se pueden vender en Estados Unidos, Europa y Asia. En este momento, de hecho, estamos mirando alguna empresa de tecnología. Disponemos de 5 millones de dólares para comprarnos algo que esté funcionando, que genere flujos y que requiera una inyección de capital. -¿Y qué hay con el cine chileno?
-Mi gran aproximación con el cine es por Diego Valenzuela. Es él quien nos dice me tinca este guión, me tinca el director, entremos… No, estoy mintiendo. En realidad, casi no nos pregunta. Si el proyecto cinematográfico le parece, invierte. En este tipo de negocios, Diego nos maneja la billetera, nos firma cheques (risas). Así es como hemos participado en Promedio rojo, Se arrienda, La mujer de mi hermano, Padre nuestro, etc.

Las lecciones de un fracaso
-¿Hablemos de tu paso por el Santander Central Hispano?
-¡Uh, qué nervios!
-¿Te atribuyes algo de culpa en el fiasco que resultó ser Patagon dentro del banco?
-Yo sinceramente pensaba que internet iba a cambiar las finanzas en América latina. Y pensaba que esto iba a pasar en menos de cinco años, pero me equivoqué. Internet efectivamente tuvo un impacto en los servicios financieros, pero solo en los estratos altos de la población, los mismos que hace rato estaban bancarizados. Ese fue un error importante de cálculo. Pero además yo cometí errores tácticos de ejecución. Estos errores le costaron mucho dinero y, al final, llevaron a la compañía al fracaso. -¿Fueron meses de mucha presión?
-Terrible. La desconfianza era tremenda. Había, además, todo un tema con las expectativas. Piensa que la compañía pasó de valer 12 millones de dólares a valer 130 millones de dólares en unos cuantos meses. Y cuando la vendimos, el SCH la valoró en 750 millones de dólares. ¡Lo que eso representaba en términos de expectativas era insostenible! Más allá de los problemas estratégicos y de los problemas tácticos que yo pude haber cometido, había un problema de expectativas que era muy difícil de asumir.
-¿Crees que Patagon valía los 750 millones de dólares?
-No fue mi culpa que ellos estuvieran dispuestos a pagar los millones de dólares que pagaron. Ahora, te confieso que en el minuto de la venta yo sí creía que Patagon valía eso. Teníamos más de diez mil clientes y entre los inversionistas había firmas de la talla del Chase Manhattan Bank, el JP Morgan.
-Y ya no queda nada…
-Nada. En Europa la marca dejó de usarse el año pasado. Y en América latina unos años antes.
-¿A qué atribuyes que inventos como Google, You Tube y tantos otros que se hicieron en el garage de una casa, sean comprados en cantidades tan exorbitantes?
-Lo que pasa es que éste ha sido el período con más liquidez en la historia de la humanidad. Hoy en el mundo hay muchísimo más capital que gente, que ideas y que activos. Entonces, cuando aparece algo medianamente bueno, hay toneladas de capital que se lo pelean… La gente cree que estamos viviendo una suerte de revolución tecnológica y que por eso los inventos se venden en cifras astronómicas. Pero no. La tecnología mete ruido, es cierto, ¿pero cuánto la usamos realmente?
-¿Te afectó saber que tras la caída de internet volaron varias cabezas en el SCH?
-Muchísimo. El directorio quería culpables y era lógico que los buscara. Nadie pierde esa cantidad de plata y se queda de brazos cruzados. Hubo muchos que fueron tratados como delincuentes.
-¿Y tú? ¿Te sentiste tratado como delincuente? Algunos artículos de prensa de la época hablaban del “fraude” que tú habías cometido en contra del banco. Se dijo, incluso, que habías tenido juicios laborales en Argentina.
-Se dijeron muchas cosas que fueron ciertas y otras tantas que fueron mentira. El lío es tan grande que explicártelo todo me da mucha fiaca. Pero, a ver… Cuando yo le recompré Patagon América al SCH, en parte fue porque en Argentina teníamos muchos juicios laborales, como pasa con cualquier empresa que entra en liquidación o hace despidos masivos. En nuestro caso, sin embargo, se intentó relacionar todo artifi- cialmente con las opciones que se habían entregado a los empleados más antiguos. Y como Argentina es muy corrupta, los empleados que no alcanzaron a liquidar sus opciones se rodearon de abogados y jueces mafiosos. ¡Nunca me voy a olvidar de un juez sentado en mi oficina de Miami pidiéndome plata para dejar todo “limpio”! -¿Ganaste? -Sí. No había por donde perder.

Una pequeña dosis de suerte
-¿Es cierto que el SCH estuvo a punto de interponer un juicio en tu contra?
-No, nunca hicieron nada.
-Y eso que te mandaste varios comentarios desafortunados. En una entrevista que diste a El Clarín, en Argentina, pocos meses después de la debacle, dijiste abiertamente que habías tirado 270 millones de dólares a la basura. No fue un comentario muy estimulante para ellos.
-Sí, quizás no lo debiera haber dicho de esa forma. Pero fue así. Cuando el Banco Santander nos compró, además de la plata que pagó, nos dio a nosotros 270 millones de dólares para capitalizar la compañía. Y resulta que no hicimos nada de lo que hubiéramos querido hacer.
-Fue muy difícil enfrentarte al fracaso después de haber tocado el cielo?
-No. Y te lo digo de verdad. Cuando recién vendimos y todo el mundo hablada de mí como el hombre de los 528 millones de dólares, el genio, el ídolo y todo eso, yo era el primero en decir ¡cuidado! yo no soy tan extraordinario. En cada una de las conferencias que di en Chile, cuando los jóvenes de mi edad rayaban con lo que a mí me había pasado y me tenían en un pedestal, yo decía, “no se equivoquen, yo soy un ser común y corriente”. Eso me ayudó mucho para no desmoronarme cuando todo esto se fue al suelo.
-Ahora, difícil desmoronarse con la cantidad de millones de dólares que te quedaron. Convengamos que tu caso es muy distinto al de otros “niños prodigio” que tocaron el techo con la locura de internet. La mayoría, se fue a pique cuando vino la debacle. Acá en Chile, sin ir más lejos, Santiago Muzzo estuvo entre los damnificados.
-Sí, reconozco que tuve suerte. Fui de los pocos, si no el único, que salió bien parado de todo el pinchazo. Y no porque fuera más inteligente, ni más pillo, ni más nada. Yo no tenía cómo predecir que algo así iba a ocurrir. Pasó y punto.
-¿Te pusiste alguna vez en el escenario del desplome?
-Muchas veces. Pero no me asusta. Si bien me encanta la plata, y soy un agradecido de todo lo que he podido hacer gracias a la plata, no me desespera pensar en no tenerla. De hecho, si lo hubiera perdido todo, por ningún motivo hubiera salido al mercado a buscar trabajo. Me habría ido a vivir a Chiloé y me hubiera convertido en pescador.
-Es fácil decir eso cuando se tiene tu patrimonio.
-Quizás… La única vez que trabajé en situación de dependencia fue mientras estudiaba administración de empresas en la universidad. Hice un par de pasantías y me cargó. Odio cumplir horarios, odio la rutina, odio tener que rendir cuentas.
-¡Qué suerte la tuya! Mucha gente siente lo mismo que tú, pero no tiene más alternativa que trabajar en situación de dependencia.
-Sí, soy un tipo afortunado. Siempre he pensado que es mejor tener suerte que ser inteligente.
-Lo dices con ironía.
-No, te estoy hablando en serio. Sería muy ingenuo pensar que todo lo que he podido hacer a esta edad, dar la vuelta al mundo con mi mujer y los chicos, elegir dónde quiero vivir y manejar mi tiempo, lo hubiera podido hacer si en mi vida no hubiera existido una dosis de suerte. Además, es mucho mejor que la gente crea que las cosas te pasan por suerte. Así no te tienen envidia… Cuando entrevisto gente para que trabaje en alguna de nuestras empresas, siempre les pregunto, al final de la conversación, si se consideran tipos con suerte. Si me dicen que no, no los contrato.
-¿Y cuánto pesa el fracaso en tus contrataciones? Dicen que Bill Gates no contrata a nadie que no sea capaz de demostrar un fracaso.
-Un mentor me preguntó una vez qué era peor que fracasar. Y yo, que hasta ese momento no había hecho nada bien, no se me ocurría nada peor. Después de darle varias respuestas incorrectas, me dijo: lo único peor que fracasar es ser el único exitoso. Y tenía razón. Los éxitos solo dan vicios, no te enseñan nada. Yo no quiero llegar a los 90 años y decir me fue bárbaro, pero me siento mal porque siempre me he salvado solo”.
-¿Es muy intruso preguntarte en cuánto has multiplicado los 528 millones de dólares que te pagó Santander?
-A mí no me pagaron 528 millones de dólares. No me acuerdo exactamente cuánto me tocó a mí, pero éramos muchos.
-¿No te gusta hablar de plata?
-Es que si te tengo que hablar en serio, me tengo que meter en Excel, porque no sé. Además, me parece obsceno hablar de plata en un lugar donde hay tanta gente pobre. No quiero tener que andar con guardaespaldas cuando voy a Brasil, Argentina o Uruguay.
-¿Nunca pensaste en irte a vivir a una isla paradisíaca y olvidarte de los negocios? Después de todo, tienes plata suficiente para varias generaciones. -No. A mí me gusta hacer cosas. Yo no tengo toda la plata en bonos del tesoro rentándome al 10%. Yo invierto en cosas concretas y mañana puedo perder todo. Nadie tiene la vida comprada. Además, no creo que les deje mucho a mis hijos.

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Meck, el holding de los 100 millones de dólares
En términos generales, Meck participa en empresas en marcha, con flujos
de fondos positivos que consideren sustentables en el tiempo. Invierten en
promedio entre tres y seis millones de dólares, fundamentalmente en empresas
de propiedad abierta o cerrada, en deuda o en acciones. Las siguientes son
algunas de las inversiones más importantes:

Brasil Argentina
Grupo Lemon Gas Meridional
Lemon Bank Banco Multiplo S/A C3 Plus S.A.
Muitofacil Ltda. Explora S.A.
Lemon Tecnología Ltda.
Multibank S.A Venezuela/Panamá
Uruguay Classified Media Group, CMG
Creditel

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Bitácora de un viaje
Recorrer el mundo en barco era un sueño que Wenceslao tenía desde pequeño… Claro que jamás pensó que lo haría antes de los 40 años. A mediados del 2003, y con la firme convicción de que la plata no solo para reinventirla, se compró un velero de segunda mano en Miami y se hizo asesorar por expertos para que le enseñaran ciertas técnicas de navegación lo ayudaran a confeccionar una ruta de acuerdo a las estaciones climáticas de cada continente. Seis meses después se lanzó al mar con su mujer Belle y hijo Diógenes, entonces de un año. La travesía fue un éxito. En tres años, logró bordear todas las costas de los cinco continentes, sumando experiencias dignas de un buen libro de viajes. Ello no significa, en todo caso, que haya conocido todos y cada uno de los países del planeta. Es más, con la humildad que lo caracteriza, confiesa que tiene más ganas de viajar ahora que antes de partir. La costa que más le gustó fue la asiática, en particular Indonesia. Y bueno, también tiene hermosos recuerdos de Nueva Zelanda, país en el que nació segundo hijo, Theodore. -Contratamos una partera, igual que hicimos con el primero, que se vino con nosotros al velero –cuenta–. Ahora, no creas que soy un cavernícola. Me preocupé de estar muy cerca de un hospital, por si la cosa se complicaba. Pero todo salió bien. Del viaje podría hablar un año. No solo de tormentas, ballenas, vientos en contra y partos. También mucho de la vida, de lo humano y lo divino.

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La última excentricidad
Wenceslao acaba de adquirir en algo menos de 2 millones de dólares el Palacio de Las Majadas, en Pirque. Se trata de una construcción histórica, de 1.400 metros cuadrados, distribuidos en tres pisos y rodeada por más de 7,5 hectáreas de parque. Se la compró para él y su familia y no para levantar un hotel, como dijo la prensa. La maravilla, en todo caso, dista mucho de estar de llegar y habitar. Según su dueño, hay que meterle mucha mano, pues no tiene una sola cañería en buen estado, los cables eléctricos no soportan ni una juguera y las paredes están –literalmente– por caerse. Por lo mismo, Casares calcula que su remodelación le va a tomar al menos un año. Mientras tanto, dice, va a vivir en Silicon Valley, California.

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Schmidheiny, el mentor
Mucho antes de que su nombre fuera marca registrada, Wenceslao Casares tenía una relación de amistad con el singular empresario y filántropo Stephan Schmidheiny. Lo conoció en Miami, en uno de los tantos encuentros organizados por Endeavor, y desde entonces –casi diez años– son inseparables. Casares lo llama “mentor” y cada vez que el tema lo amerita, lo cita en alguno de sus proverbios. Dice que es de los hombres más inteligentes y extraordinarios que ha conocido y que le debe tanto, que cuando éste le pidió que formara parte del directorio de Viva Trust, un fondo que se dedica a reinvertir en proyectos sociales las utilidades que generan sus empresas en América latina, no pudo decirle que no. -No porque hubiera querido negarme –se apronta a decir mientras lo cuenta –. Lo que pasa es cuando Stephan me llamó, yo justo estaba partiendo mi viaje por el mundo y, conociendo a mi amigo, sabía que los directorios podían ser en Tailandia, Sydney o Lima, lo cual me complicaba un poco. Hoy día, sin embargo, soy un agradecido de estar ahí. Actualmente, Viva Trust (www.vivatrust.net) maneja activos por más de mil millones de dólares. Según Casares, la donación más grande en la historia de América latina. La inversión se hace a través de la Fundación Avina (www.avina. com), organización que se encarga de seleccionar líderes latinoamericanos en temas relacionados con educación, pobreza, salud y medio ambiente, entre otros, para que sean ellos los que hagan cosas.

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Filantropía en primera persona
Desde que le vendimos una parte de Patagon al Santander Central Hispano, yo tenía la inquietud de hacer algo para devolverle la mano a la sociedad… Hace cuatro años se lo comenté a Christian Austin, uno de mis grandes amigos, para que juntos viéramos por dónde le podíamos hincar el diente. Una alternativa, era esperar a que tuviéramos 65 años, con un capital superior al que tenemos hoy día. Pero al pensar en eso, nos imaginamos cómo nos íbamos a sentir a los 75 si recién desde los 65 empezábamos algo. Y ahí dijimos ¿por qué no lo hacemos ahora, que tenemos juventud, capacidad de trabajo y tiempo? Siempre he pensado que en América latina hay una especie de selección negativa en la política. Por lo general, los mejores talentos huyen, dejándole el camino libre a los malos. Creo que si uno pudiera inspirar a los mejores para que se involucraran en todo lo que implica la política, tendríamos países de lujo. Por eso creamos la Fundación Síntesis, una cosa chiquita que tiene la gran pretensión de inspirar a los mejores talentos jóvenes para que se interesen por participar del mundo político. Por ahora, nuestra modesta contribución es una revista llamada Surco, en la cual tratamos temas que creemos tienen aproximaciones regionales. Mostramos casos que ayudan a ver ciertas problemáticas desde otro punto de vista. También hacemos eventos o encuentros para generar debate.


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