ESTUDIO REVELA QUE PARA CIERTAS CARRERAS LA MEJOR OPCIÓN SON LOS INSTITUTOS PROFESIONALES

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Patricio Meller, David Rappoport y Paola Bordón refutaron la evidencia que existía sobre una dominancia relativa de las universidades sobre otras alternativas de educación superior.

Definitivamente, “las universidades no son siempre la mejor opción para obtener un título profesional”.

En apariencia temeraria, la afirmación encuentra sustento en un estudio realizado por los investigadores del departamento de ingeniería civil industrial de la Universidad de Chile, Patricio Meller, David Rappoport y Paola Bordón, cuyos resultados refutan la evidencia -disponible hasta ahora en el país- que sugería una dominancia relativa de las citadas entidades sobre las alternativas de educación superior en institutos profesionales (IP). “No es verdad que los IP sean el premio de consuelo para los salidos del colegio, que es el actual estigma que tienen”, destaca Rappoport.

Bajo su óptica, lo que es reforzado por sus colegas, “hay alternativas para estudiar en institutos profesionales que son preferibles a las universidades”. Es más, agrega, para carreras iguales -según la clasificación del ministerio de Educación-, o sea, para quienes tienen el mismo título, afirma que “a veces conviene estudiar en un IP”.

Dicho todo eso, advierte Meller, “no todos los IP son iguales y no todas las universidades son iguales. Entonces, cuando se está tomando la decisión de dónde estudiar, es crucial escoger bien”.

Remuneraciones, la base Profesionales universitarios los tres, la investigación incluso les permitió terminar con sus propios prejuicios, bastante extendidos -por no decir generalizados- en el país. “A priori, pensábamos que los egresados de las universidades tenían que estar ganando en promedio más que los egresados en la misma carrera de los IP”, reconoce Meller. Pero, agrega, “nos encontramos con la sorpresa de que no es tan así”.

Y la conclusión se basó en números objetivos: las remuneraciones de un centenar de carreras publicados en el sitio web www.futurolaboral.cl, precisamente un proyecto conjunto del departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, con la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y el ministerio de Educación, que busca dar a conocer la situación laboral de titulados de universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica.

Pero no se trató de elaborar un simple ranking -quién gana más o quien gana menos- sino que de comparar la situación de ingresos de los titulados de seis carreras que se dan tanto en IP como en universidades a dos años de su titulación.

Las seleccionadas fueron Contador auditor, Pedagogía general básica, Educación parvularia, Ingeniería en ejecución informática, Construcción civil y Servicio social.

Para las dos primeras, el estudio mostró que el promedio de ingreso de los titulados IP supera al de las universidades entre 5% y 6%. Situación contraria se da en el caso de Educación Parvularia, Ingeniería Ejecución en Informática y Construcción Civil, donde el margen fluctúa entre 2% y 33% a favor de las universidades.

Pero no se quedaron en la sola comparación de remuenraciones. Los investigadores también incluyeron en sus cálculos estadísticos el puntaje obtenido por los estudiantes en la Prueba de Aptitud Académica (PAA). “Si uno tiene el puntaje, probablemente prefiera entrar a la universidad en vez de entrar al IP.

Pero si tuviéramos un individuo con el mismo puntaje en el IP y en la universidad, lo que mostramos es que el valor agregado -medido desde el punto de vista de cuánto gana el egresado una vez titulado- fluctúa según las carreras entre 5% y 30%”, explica Meller. ¿Moraleja? Se pregunta. “Aunque te dé el puntaje, piénsalo, quizás te conviene entrar más al IP”, responde.

Oferta versus demanda Entonces, ¿cómo es posible que los egresados de los IP puedan tener mayores remuneraciones que los egresados de carreras universitarias equivalentes? El estudio plantea que hay dos factores explicativos que están asociados. El currículo y la metodología pedagógica de los IP están fundamentalmente orientados a la demanda y necesidades del mercado.

En cambio, el currículo y la metodología pedagógica universitaria están determinados por la oferta; prevalece la “soberanía del académico” en que cada profesor define por sí solo lo que es conveniente y adecuado enseñar en su cátedra, con total prescindencia de lo que ocurre en el mercado. “Aún más, presumiblemente por cuestiones de prestigio, los profesores universitarios tienen el sesgo de “academizar” sus cursos hasta el punto de hacerlos inútiles para satisfacer los requisitos inmediatos del medio laboral”, cita la investigación. “Las universidades son autoreferentes respecto al diseño del currículum, está determinado por la oferta. En cambio, los IP adaptan el currículum a las demandas del mercado”, remarca Meller.

Esta misma lógica parece operar para el caso de los Centros de Formación Técnica, de acuerdo a Paola Bordón. Y aunque en el caso de estas entidades no se trata de carreras que den las universidades, sí se observan -dos años y medio después de su titulación- remuneraciones mayores a las de otras carreras universitarias (ver gráfico). “Entonces, ¿para qué estudiar cinco años, si en dos años y medio pueden estar ganando 30% más?”, reflexiona Meller.

De nuevo, agrega el economista, “hay CFT y CFT”. Al respecto, Paola Bordón afirma que “los currículum se acercan a la demanda, lo que el mercado quiere y por eso que a éstos (quienes presentan mayores remuneraciones) les va mejor. En el fondo, el mercado funciona mejor de lo que uno espera y se adapta mejor”. Todo condimentado por el pragmatismo.

El mismo que hoy está eventualmente detrás de la baja en la matrícula en los CFT, que -como contraparte- va acompañado de un aumento en el caso de las matrículas en los IP. Y, de hecho, comenta, muchos Centros de Formación Técnica pasaron a ser IP. Y, además, las universidades están sacando CFT bajo su alero. En suma, hoy en el país funcionan unos 200 de los citados centros, mientras que operan unos 130 IP y unas 56 universidades acreditadas en el consejo de rectores y unas 80 privadas. Todo un cambio.

“El técnico no tiene que ser mirado en menos”

Patricio Meller reconoce que no creía que los Centros de Formación Técnica (CFT) podían hacer algo bien, “en circunstancias -afirma- que recibían peores alumnos, en un periodo muy corto, y con profesores desconocidos. ¿Cómo eso iba a poder competir con la universidad?”, ironiza. Por eso, recalca hoy, hay que “dar vuelta la imagen de los técnicos”. Sobre todo porque representa una opción atractiva desde la perspectiva de la rentabilidad social.

Se trata precisamente de estudiantes con menos recursos económicos, en un contexto además en que el mercado valora los técnicos. “Con lo prejuicioso que somos, en el país creemos que hay que ser universitarios. Nosotros queremos quebrar esa idea, el mercado no se engaña por los títulos. Tú puedes tener título universitario, pero qué sabes hacer. El técnico no tiene que ser mirado en menos”, agrega.

Y la formación no termina al egresar. Después pueden seguir con el perfeccionamiento y, además, hacerlo mientras trabaja, lo que permite el financiamiento del mismo. Se trata de un esquema modular. Tú vas estudiando y luego puedes ir agregando en el futuro. Aquí en la universidad si no apruebas una secuencia de cursos, te echamos y no nos importa.

Es otra concepción de cómo enseñar”, explica Meller. Se supone, además, que una vez que se adquirió la habilidad para desarrollar la tarea, viene la inquietud por la teoría.


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