Increíbles artimañas: Escolares hasta adulteran el carnet de identidad para comprar copete

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Es viernes y anochece. Sebastián (16 años) se prepara para salir con sus amigos a bailar.

Pero, como todos los fines de semanas, hay un rito que es sagrado: la previa. Los amigos ya parecen preocupados, son casi las 21:00 horas y aún falta el ingrediente principal: la “promo” (una botella de pisco y una de bebida) y las “chelas”. Sebastián, sin embargo, no se complica: a su corta edad no será la primera vez en que logre comprar alcohol para él y sus amigos. Dice tener la receta para adquirir licor sin mayores problemas, burlando el control de los locales de expendio de bebidas.

Sebastián cursa tercero medio en un colegio particular en Las Condes. No es el típico alumno desordenado, ni mucho menos, pero ni él ni sus amigos perdonarían comenzar un carrete sin antes consumir alcohol… la fiesta debe comenzar estando “arriba de la pelota”.

“Espérenme tres horas y vuelvo con el pisco y las cervezas”, dice el chiquillo.

Tras un recorrido por algunas botillerías de Recoleta y Las Condes, el adolescente demostró que no bromeaba. En el lapso que le anunció a sus amigos, con exactitud, logró adquirir seis litros de alcohol.

¿Cómo lo hizo?

“De mis 30 compañeros de curso, 29 toman todos los fines de semana”, revela Sebastián.

—¿Cómo lo hacen para adquirir alcohol tan fácilmente?

—A veces le pedimos a gallos mayores o a amigos que parezcan más grandes, aunque sean menores de edad. La otra es usar un carnet falso.

—¿Un carnet falso?

—Cambiándole la fecha de nacimiento…

La soltura con la que lo dice responde a la naturalidad con que lo hace. Es un truco fácil, que ni siquiera lo pone nervioso: es una de las artimañas más empleadas para comprar bebidas alcohólicas, aseguran Sebastián y sus amigos. Esto lo hacen generalmente en botillerías “porque en los supermercados o las bombas de bencina los cajeros están vigilados por cámaras de seguridad… y no se atreven tanto a venderle a menores”, cuenta otro menor.

Lo que más sorprende, sin embargo, es la facilidad con que estos jóvenes logran falsear las cédulas de identidad, sin necesidad de un computador o un moderno scanner: simplemente recortan números de las páginas amarillas —que tiene la misma tipografía que los carnet de identidad— y los pegan con esmalte de uña, armando con los números el año en el que supuestamente nacieron.

Otra de las trampas, cuenta Sebastián, es conseguir el carnet de otra persona que haya cumplido la mayoría de edad, “total, es muy raro que los botilleros se anden fijando si la foto corresponde a la de uno”. Para que nada falle, es menester memorizar el número del RUT… “por si te lo preguntan”.

Existen, en todo caso, algunos dueños de botillerías que no pisan el palito. “Ellos falsifican el carnet por delante, pero no pueden hacerlo por detrás, donde hay un código en el que aparece la fecha de nacimiento. Esa parte no es falsificable (…) Otra manera de confirmar la sospecha de engaño es mediante el raspaje, con la uña, del esmalte con el que pegan los números”, cuenta Giovanna Lillo, dueña de la botillería “Mercado Dual” de Las Condes. A ella, como se ve, no le vienen con cuentos.

Pero hasta para esos casos es que los menores tienen un “plan B”: buscar en Internet carnets de jóvenes extranjeros… los imprimen y plastifican. “Durante dos años usé un carnet gringo. Cuando quería comprar copete, entrar a discoteques o casinos, mostraba ese carnet y hablaba con un acento raro, pronunciando mucho las “erres”, por ejemplo”, confiesa Martín, otro menor de 16.

La magia del photoshop

Pero durante este verano 2012 que recién comienza los jóvenes se han animado a utilizar una de las herramientas que mejor conocen: la computación. Así, nos cuentan algunos, escanean la cédula de identidad de algún hermano mayor o un primo, y le ponen su propia foto con la ayuda de Photoshop. “Cuando ya tenemos en pantalla la cédula con nuestra foto cambiada, la imprimimos en un papel común y corriente. Si al comprar copete nos piden el carnet, decimos que se nos perdió… pero que tenemos esta copia de respaldo, mientras sacamos un carnet nuevo”, asegura otro menor entrevistado.

Y hay más ardides: el uso de la licencia de conducir, en lugar del carnet, también es un secreto ampliamente conocido entre aquellos jóvenes que tienen permiso para manejar a sus 17 años. La “gracia” de estas cédulas es que, a diferencia del carnet de identidad, no llevan inscrita la fecha de nacimiento.

Si alguno de estos trucos no llegase a funcionar, los menores tienen otra cartita bajo la manga: el incondicional copete a domicilio. “Todos mis amigos usan el copete express , uno llama a un número y pedís ron, vodka, pisco… lo que querai. Te lo traen a la casa, a cualquier hora, puede ser incluso a las 5:00 de la mañana”, dice, sonriendo, otro menor. Los repartidores rara vez exigen la presencia de un adulto en el domicilio.

Finalmente, en algo que se ha convertido ya casi en moda, está el truco de aparentar ser mayor, dejándose crecer la barba. Junto al look , sin embargo, “uno tiene que asumir actitud más parada, hay que entrar con pecho de paloma a las discos, poniendo voz más grave, usando palabras más de diccionario”, cuenta Martín.

¿Y qué dice la ley?

Según la ley de alcoholes 19.925, si un inspector municipal hubiese entrado en el local cuando Sebastián compraba el alcohol, los administradores de esa botillería tendrían que haber pagado una multa de entre 3 y 10 UTM (un máximo de 388 mil pesos). Y no sólo eso: también arriesgarían una pena de 21 y 40 días de prisión. Además, si se les sorprende cometiendo el delito por tercera vez habría una clausura definitiva del establecimiento. Por esta razón —ver nota aparte— es que algunos locatarios han buscado formas de protegerse.

Pese a esto, “los que más beben son los menores de edad y si yo tengo un negocio que dice ‘no apto para menores de 18’ la mitad del negocio se pierde. Entonces se vende indiscriminadamente y (los dueños de botillerías) prefieren pagar los partes antes que dejar de ganar”, asegura la sicóloga Patricia Sanhueza, experta en adicciones.

Y es que no existen sanciones para los propios menores que compran alcohol con un carnet de identidad adulterado o vencido, o bien para los adultos que les adquieren licor a esos jóvenes.

Otro aspecto que llama la atención es que ni los propios administradores de las botillerías que recorrió Sebastián cumplen con el mínimo exigible respecto de las condiciones para vender alcohol. Muchos de ellos, simplemente, le echaron apenas un vistazo a las cédulas.

Así las cosas, no es extraño que Sebastián llegue a su fiesta con ya varias piscolas en el cuerpo…

Uno tiene que asumir actitud más parada, hay que entrar con pecho de paloma a las discos, poniendo voz grave, usando palabras más de diccionario”

Martín (16 años)


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