Beneficios y consideraciones de la tecnología free flow

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Análisis.El programa “Chile Sin Barreras” impulsado por el gobierno considera el reemplazo de las plazas de peaje de algunas vías interurbanas por pórticos de peaje en los cuales los vehículos no se detienen ni disminuyen su velocidad, y el cobro se realiza de forma automática. Para esto último, cada vehículo porta un dispositivo conocido como tag, el cual está asociado a una persona y es identificado por el pórtico para realizar el cobro.
Hace cerca de 15 años, Chile fue pionero a nivel mundial en la implementación de la tecnología conocida como free flow para el cobro de peaje en las autopistas urbanas de Santiago. Esta tecnología no se expandió a vías interurbanas en las cuales también se cobra un peaje por circular. Entre otras varias razones, los niveles de demanda en esos años no generaban congestión importante en las plazas de peaje, por lo que no se veía necesidad de un cambio tecnológico. La situación actual es distinta en varias plazas de peaje interurbanas, principalmente aquellas en los accesos de grandes áreas urbanas, donde se experimentan importantes niveles de congestión en determinados periodos de un día laboral o de un fin de semana cualquiera. Por tal motivo, se requiere un cambio tecnológico que permita aumentar la capacidad de atender vehículos en estas plazas de peaje.
La tecnología free flow presenta al menos tres ventajas en comparación con el pago manual de peaje, todas asociadas al hecho que los vehículos ya no experimentan el proceso de frenado, detención y posterior aceleración al momento de circular por ese punto.
En primer lugar, la ventaja más obvia y fácilmente palpable por los usuarios de estas vías es el ahorro de tiempo (y molestia) que significa no detenerse en un punto de la vía para pagar un peaje.
La segunda ventaja es menos visible, pero igualmente importante, y se refiere a la menor cantidad de emisiones de contaminantes generadas por los vehículos al evitar su frenado, detención y posterior aceleración al circular por ese punto.
La tercera ventaja viene por el lado de la seguridad vial, la cual aumenta al evitar cambios bruscos en las velocidades de los vehículos.

Proceso de implementación
Al momento de implementar esta tecnología, creo necesario considerar al menos los siguientes aspectos. En primer lugar, aterrizar las expectativas: la remoción de las barreras en las plazas de peaje no eliminará por sí sola la congestión que se genera en periodos de alta demanda, como ocurre durante fines de semana largo en los accesos a Santiago. Si bien el free flow aumenta la capacidad de atención eliminando la restricción que ofrece el pago manual de peaje, las otras restricciones propias de la vía -dadas por su diseño, geometría y operación- siguen limitando su capacidad. Y en estos periodos en que la demanda supere a esta capacidad, inevitablemente veremos tacos en determinados puntos de la vía.
Un segundo aspecto a considerar dice relación con las posibilidades que ofrece un mayor parque vehicular equipado con un dispositivo tipo tag. Dado que cada tag tiene un identificador único, un vehículo circulando con uno de ellos en su interior es fácilmente identificable mediante el uso de antenas debidamente distribuidas en la ciudad. Esta identificación no tiene un cobro asociado y por lo tanto se realiza de forma anónima. Lo importante es que permite identificar fácilmente el paso de una misma entidad por los distintos puntos en los cuales se encuentran las antenas. Esto constituye información relevante al momento de realizar gestión de tráfico en la ciudad, lo cual va en directo beneficio de los mismos usuarios.
Un tercer aspecto a considerar tiene que ver con la entrega transparente de información de cobro al usuario: en cada pórtico de cobro debe mostrarse claramente el monto cobrado. Esta información es lo mínimo que un usuario debe conocer al momento de circular por un pórtico, y los contratos con las concesionarias deberían obligar a esto. Lamentablemente, esta no es la práctica en todas las autopistas urbanas de Santiago.
Un cuarto aspecto se relaciona con la necesidad de mantener la interoperabilidad que el actual sistema presenta: debe ser requisito que un mismo tag sirva para circular por todo Chile. Finalmente, un quinto aspecto se relaciona con los cambios que es necesario realizar a los actuales contratos entre el Estado y los concesionarios. Estas modificaciones permitirán comprender de mejor forma quién distribuye los tag (y cómo lo hace), quién realmente paga por este cambio y quién asume los riesgos de la evasión y/o morosidad, entre otros.


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