La Plaza de Armas comienza a recobrar la atmósfera de antes

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Accediendo desde el oriente por Monjitas, el restaurante Los Tesoros del Inca anuncia que se está cerca de la Plaza de Armas, núcleo del centro histórico de Santiago y desde hace una década un lugar que parecía entregado a los inmigrantes y al delito. Los vendedores ambulantes, muchos de ellos de origen peruano, tenían la plaza tomada, y junto a ellos llegaron grupos de otras procedencias, además de delincuentes nacionales y extranjeros, prostitutas y traficantes de droga. Un tiempo durante el cual los jubilados que solían pasar allí sus horas libres empezaron, por temor, a alejarse; incluso los hoteles recomendaban a los turistas ir con cuidado a la zona, o simplemente no ir.
Así como todo lo malo es susceptible de empeorar, también el tiempo puede traer mejoras. Es lo que ha sucedido en estos tres últimos meses. Si hoy se habla con Carabineros, con artistas de la plaza, con inmigrantes -que ya son el 28% de los habitantes de la comuna de Santiago, según acaba de informar el Censo de 2017- y con los que allí transitan, la respuesta es solo una: “Estamos empezando a recuperar la Plaza de Armas para los chilenos”.

Bien de día, pero no tanto de noche
Ricardo Araya pinta y dibuja desde hace 18 años. Cuenta que los haitianos piden retratos, especialmente de los niños. “Es raro, porque se supone que no tienen plata, pero les importa tener un retrato de sus niños. A mí me gusta que haya inmigrantes aquí. Ahora, eso sí. Porque hasta hace poco esto era un caos con los predicadores ahí, los chinchineros allí, los humoristas gritando, aparte de la prostitución y el tráfico de drogas. Si esto estaba lleno de colchones y gente alcohólica, y eso ha cambiado ciento por ciento. Sacaron a todos los traficantes y a los marihuaneros”.
Lo confirma Efrén Cortés, dirigente de Arte y Cultura de la Plaza de Armas, que trabaja allí desde hace 33 años. “Esta plaza estaba tomada y ahora está volviendo a ser de los chilenos. Sí, hay inmigrantes, pero la mayor parte de los que llegan ahora son personas decentes que se reúnen aquí y que buscan trabajo, pero no delincuentes. A mí me gustan los haitianos, con su mística más pura y su amabilidad. Desde el día siguiente que subió Piñera esto cambió por completo. Se aumentó la seguridad y barrieron con la prostitución y las drogas, siempre están haciendo inspección. Si a la gente le daba susto venir por aquí y ahora todo está volviendo a la normalidad. Por supuesto, de repente alguna prostituta se arriesga y viene, pero no es lo de antes; lo mismo con los que venden drogas”.
De noche la situación también está mejor, pero no al nivel de lo esperado. De hecho, todavía hay gente que duerme en los bancos y la venta de comida en carros se mantiene, a pesar de la vigilancia policial.

Ayuda de comisarías de otras comunas
Los grupos siguen en sus sitios predilectos. Los haitianos “viven” preferentemente en torno a la estatua de Pedro de Valdivia. Ellos hablan de “el caballo”. La mayoría no sabe quién es el personaje representado. En la esquina suroriente dicen que se ubican los colombianos, y que en la surponiente están los chilenos, “medio arrinconados”. Los peruanos están más repartidos, pero su centro de operaciones es el costado norte de la Catedral. Hay humoristas por la mañana y en la tarde-noche, mientras que los chinchineros van de preferencia los fines de semana. De día, los vendedores ambulantes no se ven.
Hay carabineros por doquier, vehículos de seguridad ciudadana y un furgón en la esquina norponiente, donde se atienden consultas todo el día. Allí, el carabinero Daniel Montoya, de 20 años, recibe con amabilidad a chilenos y extranjeros, da señas para ubicar las oficinas de Extranjería o de Bienes Nacionales, y ayuda a una señora mayor que necesita descansar un rato a la sombra. Él explica así el cambio: “Desde que asumieron nuestro general, Hermes Soto, y el Presidente Piñera, el cambio fue radical. Antes ocurría que todos los funcionarios en servicio aquí eran de la Primera Comisaría, pero se crearon lo que llamamos grupos focalizados en el casco histórico, y contamos con ayuda de personal de comisarías de Providencia, de Recoleta, de la Escuela de Suboficiales de Macul… Ahora tenemos un control total, que antes era imposible. Esto de verdad era un caos; no teníamos suficiente personal de a pie ni de caballería. Ahora es muy distinto. De hecho, usted puede ver que los ambulantes peruanos ya no están. Podrán darse problemas aislados, como en cualquier lugar de la ciudad, pero jamás lo de antes”.

Oficina pública y lugar para encontrar empleo
Los propios inmigrantes notan la diferencia. A ninguno le gustaba que metieran a todos los extranjeros en un mismo saco. Para ellos, la plaza es un lugar de encuentro y, en cierta medida, también una oficina pública, donde hacen contactos de trabajo. “Hay gente que viene aquí a buscar personas para el servicio de sus casas u obreros para la construcción. También nos reunimos entre nosotros, para ayudarnos y contarnos las penas y las alegrías”, comenta Rosa Celis, de Lima.
Michelet Petitfrere (30) y Fabert Azare (35) vienen de Haití. Llegaron hace cuatro meses y un año, respectivamente. Ambos buscan trabajo. Michelet es experto en informática, pero dice que podría trabajar también poniendo cerámica y como mecánico: “Me gusta Chile y los chilenos. Hay gente buena aquí; pero también gente mala, que abusa. Como en todas partes. Yo he tenido suerte de que amigos chilenos me acojan en su casa para dormir y comer, pero necesito encontrar trabajo pronto. Vengo aquí por eso”.
Franceses y alemanes circulan en total tranquilidad. Pierre Constant, de Lyon, observa que “este centro es como cualquier otro de los países latinos. Hay que ser responsable y andar con cuidado, pero la plaza a mí me parece bonita y segura”. Poco más allá, un promotor de tours capitalinos y de buses hop on hop off conversa con un grupo de chilenos del sur que está de visita. Salvador Alves González es empleado de Turistik, venezolano, y en Caracas trabajaba en guiones de doblaje para la TV: “Con las nuevas medidas, se redujeron mucho la prostitución y las drogas. El cambio fue muy rápido; en menos de dos meses esto se transformó. Los turistas nunca dejaron de venir, pero ahora todos trabajamos mucho más tranquilos”.

Inmigrantes devotos y jugadores de ajedrez
Enrique Pizarro hasta hace poco era auxiliar de farmacia, pero ahora es uno de los custodios de la Catedral, y tiene por misión velar por la integridad de los sacerdotes, de las personas que entran al templo y del patrimonio de la iglesia. “Aquí entra mucha gente y tenemos que estar alerta. No faltan los lanzas que andan detrás del turista despistado. Pero la seguridad exterior ha aumentado y eso nos ayuda también. Muchos de los inmigrantes son católicos y entran a rezar con frecuencia. Algunos vienen a pedir ayuda y nosotros los mandamos a la Parroquia Italiana. En general, los extranjeros que entran al templo son tranquilos y muy católicos”.
Así ocurre con las colombianas Pamela y Patricia González, que vienen a pagar una misa por un familiar, y también con el haitiano Bruny Aniel, que está en Chile desde hace tres meses y que es fiel devoto de Santa Teresa de los Andes: “Conocí su historia en Haití y allá también le rezaba, pero ahora vengo seguido a su altar para pedirle salud y que me ayude a ganarme la vida”.
Desde la Municipalidad de Santiago informan que hay grandes y variados proyectos para la Plaza de Armas. Uno de ellos es el que se desarrolla en el Portal Fernández Concha. Actualmente, es un lío caminar al interior, y se trabaja en lo que serán cafeterías hacia el exterior. Freddy Fernández, del restaurante El Portal (ex Bahamondes), indica que “la remodelación se supone que estará lista en diciembre de 2018. Ojalá sea así”.
Una esquina que sigue siendo un imperdible es la suroriente, con sus jugadores de ajedrez. Ahí recibe Guillermo Escudero, del Comité de Ética del Club de Ajedrez Plaza de Armas, que muestra con orgullo los letreros que han mandado a hacer para declarar personas no gratas a borrachos, drogadictos, delincuentes y apostadores: “Está mejorando el ambiente, aunque lentamente. Nosotros necesitamos poder tener un espacio que sea nuestro; delimitar esto un poco para mayor seguridad. Este es un club abierto a todos; gente mayor, niños y también inmigrantes. Si viene un niño a jugar, de inmediato tenemos para ese niño una mesa; son nuestra prioridad. Por lo mismo, tenemos que estar seguros. Los extranjeros también juegan, y harto. Peruanos y venezolanos, pero los peruanos son mejores”, dice e invita a venir, este lunes 14 de mayo, desde mediodía, a un torneo con jóvenes del Instituto Nacional.


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