Andrés Navarro, presidente de Clínica Las Condes: “No siento que haya un problema de gobernabilidad en la clínica. No me preocupa que no sea siempre unánime la toma de medidas”

, Otros

¿Hay crisis en Clínica Las Condes? “Ya finalizó. Estamos trabajando con normalidad. Es la primera vez que me atrevo a decir que estamos al otro lado. No hay crisis de gobernabilidad. Hicimos la emisión de bonos y reestructuramos el perfil de la deuda. La demanda por servicios ha mejorado y en este primer trimestre creció 7%. Además, tenemos un nivel de precios que es el más competitivo que hemos tenido en la historia de la clínica”.
Así resume Andrés Navarro la situación por la que atraviesa la entidad que preside. Cuenta que hace justo un año lo fue a buscar un grupo de accionistas de la clínica para que se hiciera cargo de resolver la enorme crisis que enfrentaba la institución. En enero de 2017, la empresa reconoció errores contables por $10 mil millones que se arrastraban hace 10 años. Renunciaron dos directores, Alejandro Quintana y Carlos Gil, salió el gerente general Gonzalo Grebe y luego el presidente del directorio, Fernando Cañas.
Tras cinco años alejado de la clínica -entidad en la que estuvo involucrado por más de dos décadas como accionista y director-, Navarro decidió “meterse en las patas de los caballos”, debido al gran afecto que siente por ella. Su mujer, Sonia Betteley -quien falleció en diciembre de 2012 tras una larga enfermedad-, se atendió en ese centro de salud. “Tomé un compromiso por tres años. Con el equipo de la clínica lo paso bien, a pesar de los desagrados de algunas situaciones. Tengo relaciones de cariño y les debo mucho. Le entregaron tratamientos y cuidados espectaculares a mi señora cuando estuvo enferma. Ellos fueron muy leales conmigo cuando los necesité y estoy devolviendo un poco la mano”, reconoce emocionado.
A pesar de que se implementaron reducciones de costos significativas, y de que en agosto pasado Navarro declaraba optimista que terminarían el año con cifras azules y que lo peor ya había pasado, la realidad demostró lo contario. Clínica Las Condes finalizó el 2017 con pérdidas históricas por $10.947 millones; una deuda por US$ 275 millones y un directorio divido. Como guinda de la torta, en octubre Feller Rate les bajó la clasificación desde A a A-; y en diciembre se produjo la salida de uno de sus médicos emblemáticos, Manuel Álvarez, jefe de Oncología, por acusaciones de un presunto abuso sexual.
En octubre, Navarro decidió llevar a Jaime Mañalich como gerente general de la clínica y se puso en marcha una segunda ronda de optimizaciones. “No teníamos tiempo de esperar que un nuevo gerente se demorara seis meses en interiorizarse de los temas. Con Mañalich teníamos muchos años de historia en común y aceleramos el proceso de reestructuración, que afortunadamente lo terminamos. Estamos andando muy bien”, aclara el ejecutivo.
Reconoce que “el apretón de cinturón en temas de costos y optimización de procesos fue feroz”, pero asegura que “el año difícil, que fue 2017, ya pasó. Vamos a mostrar en diez días la FECU del primer trimestre con buenos resultados, y espero que sea muy bien recibida por los accionistas y el mercado”.

-¿Viene con números azules?
“Increíblemente azules. A pesar de que febrero es un mes muerto, en términos de ocupación, vamos a mostrar un primer trimestre de crecimiento. Esas son las buenas noticias (…) Creo que vamos a estar sobre el presupuesto, probablemente con un Ebitda de unos $25 mil millones, lo que puede significar en última línea sobre $10 mil millones. Pero me estoy anticipando. Hemos visto fortalecer la demanda por servicios de la clínica”.

“No hay pugna de poder”
Hace dos semanas -el 12 de abril- se realizó la última junta de accionistas de Clínica Las Condes, en la que no estuvieron ausentes las declaraciones polémicas. La mayor accionista individual, Inversiones Santa Filomena -de propiedad de Cecilia Karlezi-, acusó al directorio de la existencia de conflictos de interés, y reiteró su oposición al modelo de negocios de la entidad.

-¿Cómo se van a resolver estas constantes pugnas de poder y el enfrentamiento entre médicos e inversionistas?
“No hay pugna de poder. Hay un accionista importante, no mayoritario, que es Inversiones Santa Filomena, que tiene cerca del 20% de la propiedad”.

-Pero es el mayor accionista individual, en una compañía cuya propiedad está muy atomizada.
“Donde más del 50% de las acciones están en manos de los médicos, no es algo tan disperso. Esta clínica fue creada por un grupo de médicos, que eran los dueños. Años después se hizo una apertura y entraron los inversionistas, como fue mi caso y otros. Siempre se mantuvo el modelo en que los médicos no son empleados de la clínica, sino accionistas, y es la forma en que nos hemos relacionado. Representantes de Inversiones Santa Filomena manifestaron que ese modelo ya no es adecuado y les gustaría cambiarlo, porque creen que puede ocasionar conflictos de interés. Yo manifesté en la primera reunión con los accionistas que no tengo en la agenda el cambio de modelo. Los conflictos de interés no me preocupan, porque en sí no son un pecado. El problema es cómo se resuelven. Cuando hay una materia que negociar y una de las partes tiene intereses, naturalmente que se tiene que abstener de participar en la decisión”.

-¿Cómo se resuelven los conflictos en una empresa que tiene este tipo de directorio, sin liderazgo claro?
“Yo ejerzo la presidencia con plenas facultades, incluso algunos me han acusado de dictador, y no lo considero una ofensa. En todas las decisiones que hay que tomar me siento con absoluta independencia y con apoyo de un número importante de directores. Quiero decirles a todos los accionistas: aquí no se toman decisiones de ninguna especie que sean provocadas por algún interés en particular. Lo único que prima es el interés de la clínica. Cuando alguien tiene un interés particular, tiene que declararlo y abstenerse, y así ocurre”.

-¿Cómo responde a quienes estiman que un grave problema de la clínica es la falta de un controlador que defina y focalice una política específica?
“Estoy de acuerdo en que, en general, en las empresas es bueno tener un controlador. A falta de ello, el grupo teóricamente controlador de la clínica -que es un conjunto de 700 médicos- me ha elegido para que ejerza esa función. A pesar de que no soy accionista, estoy actuando como controlador, con el mismo nivel de energía, la misma capacidad y autonomía como yo actúo en las empresas donde tengo control por propiedad”.

-¿Cómo está el ambiente posjunta de accionistas, que fue muy compleja, y además con el regreso al directorio de Alejandro Quintana, representando a la familia Karlezi?
“No conozco a Alejandro Quintana ni a Cecilia Karlezi personalmente. Me encantaría conocerla. He conversado con su representante, que es Alejandro Gil. Tenemos la discrepancia -que a mi juicio no es tan sustancial- de que ellos creen que el modelo de relacionarse con los médicos debiera cambiar, y yo veo un montón de cosas positivas y me gustaría mantenerlo”.

-¿Le complica la presencia de miembros que han salido acusando al directorio de favorecer a un grupo de accionistas?
“Tengo 45 años de circo en directorios. No me preocupa que al interior existan opiniones divergentes. Al revés, creo que enriquecen el debate. Creo contar con la buena voluntad de todos los directores, incluido Quintana, de manifestar sus opiniones en forma precisa, argumentada, y si no hay acuerdo, provocar una votación. No les tengo miedo a las votaciones”.

-¿Cómo responde a las acusaciones de Cecilia Karlezi respecto al aumento de capital que se aprobó en la junta extraordinaria, calificándolo de “fraude a la ley”, porque perjudicaría a los accionistas que no son parte del cuerpo médico, según se ha difundido en prensa?
“No hay ningún fraude. Cualquier accionista quisiera poder colocar las acciones de la empresa a un buen precio y si cree que se va a diluir, puede comprarlas más baratas en el mercado. Estoy en total desacuerdo. Es algo que la clínica ha hecho desde sus inicios, y es que, cada cierto tiempo, se emiten acciones que quedan en poder de la misma compañía, para vendérselas a los médicos que se incorporan. La atomización es mínima. Se emiten, para tres años, 200 mil acciones de un total de 8 millones y medio, y no se ocupan todas. Como porcentaje sobre el capital total, es nada”.

-¿Existen dos bandos en el directorio de CLC?
“Existen dos directores elegidos por Inversiones Santa Filomena -Miguel Ortiz y Alejandro Quintana- que parten con una actitud relativamente crítica de la administración. Yo tengo la esperanza de que con el tiempo podamos influirnos unos a otros y ellos, darse cuenta de que estamos administrando todos una institución sana; y que lo estamos haciendo razonablemente bien, dentro de las legítimas discrepancias que podamos tener”.

-¿Han evaluado acoger algunas de las inquietudes de Cecilia Karlezi que podrían favorecer la gestión de la clínica?
“Sí, por supuesto. La relación cotidiana con el cuerpo médico se ha formalizado. Los médicos eligen un comité ejecutivo que es el encargado de negociar todas las materias de interés con la clínica. Aunque algunos no les guste la palabra, funciona formalmente como un sindicato, y yo a los sindicatos les tengo mucho respeto. No siento ninguna inhibición para defender lo que me parecen los legítimos intereses de la clínica, ni tampoco ningún rencor por sentarme frente a un médico que también está defendiendo sus intereses”.

-¿Cómo se resuelve este conflicto al interior del directorio?
“Honestamente, no siento que hay un problema de gobernabilidad en la clínica. Estamos haciendo todas las cosas que hay que hacer, y no me preocupa que no sea siempre unánime la toma de medidas”.

-¿Es efectivo que los médicos de la CLC tienen más beneficios que en otras entidades de salud?
“Los médicos no son empleados de la clínica. Arriendan consultas y hacen ejercicio libre de la profesión. Cobran sus honorarios y la clínica no les cobra comisión. No tienen ningún beneficio especial”.

“Me gustaría que entrara un socio estratégico internacional”

-El año pasado, publicaciones de prensa advertían de la existencia de fondos interesados en ingresar a la propiedad de CLC. ¿La clínica ha estado o está a la venta?
“No. Tendría que ponerse de acuerdo un montón de gente para poder venderla. A largo plazo, sí me gustaría que entrara un socio estratégico internacional, no mayoritario, al interior del directorio. Alguien que nos ayude en todo el proceso de transferencia tecnológica y progreso en nuevas técnicas clínicas. Un referente internacional que lo tengamos sentado en nuestra mesa”.

-¿Algún candidato en mente?
“Hemos tenido algunas primeras conversaciones, pero nada concreto, con el mundo de la medicina de Estados Unidos. Hay varios actores importantes, está la Clínica Mayo, la Clínica Cleveland”.

-¿Cuál es el nivel total de deuda de CLC?
“Son US$ 275 millones y emitimos bonos por la totalidad. Bajamos el costo de la deuda y cambiamos los plazos. Con esta emisión de bonos me quedo tranquilo respecto a la deuda. El mercado nos dio un espaldarazo, pero también influyó la situación general”.

-Hay quienes señalan que fue desmedido el nivel de inversiones que se hizo en la clínica en los últimos años. ¿El Centro de Peñalolén debió haber esperado?
“Hubo un exceso de gastos. En el caso del Centro de Peñalolén, yo habría esperado un tiempo, dado que recientemente habíamos invertido en este tremendo edificio”.

-¿Qué errores se cometieron que llevaron a la clínica a este punto?
“Estuve cinco años fuera y cuando volví hace un año me propuse mirar hacia adelante. No me he dedicado a investigar qué hicieron y qué no hicieron, ni a buscar culpables ni a echarle la culpa a nadie. Aquí todos estamos trabajando y mirando al futuro. Expresamente me opuse, y me generó algunas discrepancias con algunos directores, a hacer autopsia”.

-¿Cuál es su opinión respecto a la salida del jefe de oncología, Manuel Álvarez, por acusaciones de abuso sexual, a fines del año pasado?
“Es una situación lamentable, y se gatilló por acusaciones que el fiscal y la investigación dirán qué tan válidas son, pero existieron. La dirección médica decidió suspenderlo mientras se efectuaban las indagaciones. Por un lado está la demanda laboral, que se va a resolver dentro de los próximos 15 días, va a haber un primer fallo. Además de eso, hay una querella por parte de pacientes de la clínica que se atendieron con él”.

“No hay pugna de poder. Hay un accionista importante, no mayoritario, que es Inversiones Santa Filomena, que tiene cerca del 20%”.

“Tengo 45 años de circo en directorios. No me preocupa que al interior existan opiniones divergentes. Al revés, creo que enriquecen el debate”.

“Vamos a mostrar un primer trimestre de crecimiento y de números azules. Esas son las buenas noticias”.


Noticias Relacionadas con este Artículo



Nosotros le podemos ayudar
Etcheberry Consultores