Internet en colegios

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Pese a los esfuerzos de colaboración público-privada para elevar la velocidad de internet en los planteles escolares del país, no se debe perder de vista que hay cerca de dos mil establecimientos que no tienen acceso a ella, aproximadamente un 30 por ciento del total de colegios que se esperaría estuvieran conectados a la red. Ellos reúnen a alrededor de un 16 por ciento de la matrícula. Son planteles que, por su ubicación, no tienen acceso a redes de internet cercanas. La única alternativa es el satélite, que es muy costoso. Pero indudablemente si se aspira a una educación más equitativa, debe realizarse una reflexión profunda sobre la conveniencia de avanzar en esta dimensión a pesar de los costos. Más todavía cuando es una forma de incorporar al mundo a niños y jóvenes que viven en zonas más aisladas.
La educación debe tener acceso a las mejores herramientas tecnológicas disponibles, sobre todo porque ellas pueden ser una fuente de equidad significativa. La distribución de internet, por ejemplo, por nivel socioeconómico es muy desigual. Según los antecedentes recogidos en la encuesta Casen del año 2015, alrededor de un 74 por ciento de los hogares del primer quintil de ingresos y un 62 por ciento de los del segundo quintil no tienen acceso a banda ancha. La escuela para muchos de los niños y jóvenes de estos sectores es, por tanto, la única fuente de acceso a internet, y a través de esta vía, a una fuente de conocimientos inagotable.
Desde ese punto de vista, es comprensible el interés en aumentar la velocidad de internet en los colegios del país. En promedio, se aspira a cuadruplicar la velocidad y ello está ocurriendo sin un aumento de costos para el sistema educativo o el Estado chileno. Por cierto, ello es resultado en parte de los avances tecnológicos, pero también prueba del compromiso que las empresas de telecomunicaciones están teniendo con el plan de conectividad escolar del que vienen participando desde 2011. Son diez de un total de 12 las que se comprometieron en este esfuerzo con la Subsecretaría de Telecomunicaciones. Otras dos también tienen la intención de colaborar, pero están evaluando la factibilidad técnica en zonas más apartadas.
Con todo, también hay que asegurarse que estas iniciativas vayan en fortalecimiento del proceso de aprendizaje. Ello parecería obvio, sobre todo porque el material que se puede encontrar en internet para estimular los aprendizajes es cada vez más interactivo y sofisticado. Es indudable que su aprovechamiento integral requiere primero acceso y luego que las velocidades de conexión se aumenten. Prácticamente la enseñanza de todas las disciplinas se puede fortalecer a través de un buen uso de la tecnología, particularmente de internet, pero la experiencia nacional e internacional no es categórica al respecto. Hay casos con exiguos efectos o incluso inexistentes. La clave para aprovechar el enorme potencial educativo de estas herramientas parece estar en contar con directivos y docentes con las debidas competencias. En general, toda innovación produce efectos solo si se modifica productivamente la manera en que interactúan las comunidades educativas en las aulas.
En nuestro país hay conciencia de ello y se ha intentado también apoyar a los docentes a través de distintas iniciativas para asegurar el buen uso de la red, pero sin que se haya evaluado adecuadamente el impacto de esta formación. Hay indicios que sugieren que si bien los estudiantes acceden a internet y la utilizan sin mayores problemas, el aprovechamiento educativo de la misma es escaso y muy focalizado.


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